Santino ya se encontraba mejor de salud, así que decidió regresar al viñedo a vivir con sus padres, estar viviendo en aquel apartamento en medio de aquellas cuatro paredes vacías era una prisión para él.
Una vez que descendió del auto ingresó con una sonrisa enorme en su rostro, Enzo y Hanna se levantaron del sofá y le dieron la bienvenida con un cálido abrazo.
—Que bueno tenerte nuevamente junto a nosotros, nos hiciste demasiada falta, nada en este lugar es lo mismo con tu ausencia —dijo Enzo