La anciana miró a su nieto en silencio.
Arturo dijo todo lo que quería decir, sin reservas.
Había vuelto hoy para confesárselo todo a su abuela. No podía casarse con la mujer que la abuela eligió como sus primos.
Tenía a alguien a quien quería perseguir.
Después de escuchar lo que dijo Arturo, la anciana suspiró y dijo: —Tienes razón. Doris no te ama tanto por ahora. No hiciste mal en dejar que te abandonara por completo.
Tras una pausa, la anciana volvió a preguntar: —Arturo, ¿realmente lo has