Todos los presentes permanecieron en silencio mientras Sandra se sentaba en el sofá fumando un cigarrillo, sin hacer ni caso a su marido, que estaba arrodillado y lloraba con mocos.
Todos se pusieron en pie y nadie se atrevió a hablar.
Incluso la hija más preferida de Sandra, Giselle, no se atrevía a hacer ningún ruido por el momento.
Ricardo se acercó con cuidado a su esposa y le preguntó en un susurro: —¿Qué pasó? ¿Quién ha pegado a papá?
Catalina respondió en voz baja: —Tu mamá. ¿No ves a tu