Savana
Nadie sabía lo difícil que era para mí lidiar con Bastian.
Esta vez, su enojo era completamente distinto al de antes.
Después de que llegamos a casa, no intercambiamos ni una sola palabra. Pasó de largo junto a mí, se encerró en su habitación y no volví a oír un solo sonido, como si ni siquiera existiera en la casa.
Aun así, un rato después intenté hablar con él.
—Compré lasaña. Deberías comer un poco.—
Intenté ofrecérsela.
Bastian ni siquiera se dignó a mirarme.
Una vez más, pasó junto