Capítulo 58: Dejarlo, es tu decisión.
—¡NO PUEDE SER! ¡Eres una ESTÚPIDA, Emily! ¡Me avergüenza ser tu madre! —doña Ava gritaba con furia, caminando de un lado a otro en la amplia sala principal de la mansión Robinson.
Emily, sentada en un sofá largo y lujoso, abrazaba sus piernas con fuerza, hundiendo su rostro entre sus rodillas. Las lágrimas caían como un torrente incontrolable, y su pecho se sentía pesado. Se sentía devastada, como si el mundo se hubiera desmoronado a su alrededor.
Era una pesadilla de la que no podía despe