—¡Genial!
Los dos niños habían jugado todo el día sin comer, así que estaban famélicos y cooperaron de buen grado.
Ana les puso ropa seca, mientras que Lucas los condujo directamente al restaurante chino al que solían ir con frecuencia.
Lucas ya había reservado una mesa, no en un salón privado, sino cerca de la ventana, lo que les permitía disfrutar de la vista nocturna.
...
Por otro lado
Cuando llegó la hora de cenar en el hospital, Alicia echó un vistazo a la comida de la cafetería y no se s