Pero si alguien volviera, seguramente lo descubriría.
Ana extendió su mano, empujando el pecho de Lucas, intentando mantenerlo a distancia y que cuidara su imagen como director ejecutivo.
Sin embargo, el hombre permanecía inamovible y, al contrario, se acercó lentamente.
—Dime rápido, ¿en qué estabas pensando? Si no hablas, yo...
Lucas sopló suavemente en la oreja de Ana, un punto sensible en su cuerpo, y más en este contexto. Casi saltó por el estímulo.
—Yo...
Tras un momento, Ana cedió.