Silvia miraba con los ojos desorbitados la fotografía de las dos personas.
Lucas y Ana estaban sentados en la misma fila, sus manos apretadas, y sus rostros llenos de una sonrisa satisfecha y feliz.
Esa imagen de felicidad, en contraste con su desdicha actual, la hacía sentir como un perro abandonado por su dueño.
Silvia casi deseaba destrozar su teléfono, así no tendría que ver la imagen que le causaba tanto dolor.
Sin embargo, su escaso juicio le permitió calmarse.
Tal vez, Lucas simplemente n