La mujer, al ver que Ana parecía molesta, pensó que estaba actuando con culpabilidad y habló con aire triunfante:
—Mira, ¿no te he desenmascarado y te sientes culpable? No puedes decir ni una palabra para rebatir...
Las palabras de la mujer fueron interrumpidas cuando Lucas se acercó fríamente y apretó fuertemente su mejilla.
La fuerza en la mano de Lucas no era ligera, y la mujer apretada sentía como si sus huesos fueran aplastados vivos, y no podía pronunciar una palabra.
La mirada de Lucas er