Ana no sabía qué decir, incluso había olvidado preguntar cómo Lucas sabía que ella estaba allí.
Ana se secó los ojos, intentando aparentar indiferencia.
—Estoy bien, volvamos al hospital. No podemos tomar a la ligera el riesgo de que tu herida se infecte.
Lucas, sin embargo, no se levantó, sino que miró a Ana.
—No pareces estar bien, ¿qué sucedió? No hay prisa por regresar al hospital, puedo esperar hasta el momento en que estés dispuesta a hablar.
Lucas sabía bien en su interior que algunas cos