La mirada de Lucas se suavizó. Ana rara vez mostraba tal vulnerabilidad frente a otros, y ahora ante él, finalmente estaba dispuesta a expresar sus inquietudes y miedos. Eso ablandó su corazón.
No importa cuán fuerte sea, la mujer frente a él siempre será la Ana que conoció.
—Ana, no voy a morir. Mientras tú y Javier estén aquí, aunque realmente muera, treparé desde el infierno. Así que no necesitas tener miedo, no llores. Ahora no puedo ni siquiera limpiar tus lágrimas, solo me sentiré inútil.