Ana fue besada hasta el punto de sentirse mareada, sin oponer resistencia alguna.
La temperatura en la habitación, sin darse cuenta, se elevó, y los ojos de Lucas también adquirieron un tono de fervor.
Durante todos estos años, nunca había reaccionado a ninguna mujer de esta manera, y mucho menos había tenido este tipo de contacto íntimo. Sólo la mujer en sus brazos podía provocar en él un impulso de fusionarse con ella, sin importar las consecuencias.
Lucas profundizaba el beso continuamente, y