Cuando Francisco llegó a la prisión, Luna se encontraba adentro, anestesiada por la rutina. Desde su sentencia hasta su encarcelamiento, Luna había experimentado lo que significaba caer desde el cielo al infierno. El yo anterior, idolatrado por todos, parecía ahora un sueño, transformado en una prisionera despreciada por todos.
Lo peor de todo era que, debido a su antigua fama, a muchos en la prisión les gustaba burlarse de ella. Algunos de carácter extraño se complacían de vez en cuando en humi