Ana se quedó sin palabras, impresionada por la lógica aplastante de Lucas. Sin ganas de entrar en una batalla de palabras con él, dio media vuelta, ignorándolo.
Unos diez minutos más tarde, el coche de Adelina se estacionó frente a la villa. Al oír el timbre, Ana se apresuró a abrir la puerta.
Adelina entró cuidadosamente, entregándole a Ana la ropa que llevaba.
—Ana, te he traído ropa.
Dijo, lanzando una mirada incierta al pijama de Ana, vacilando antes de hablar. Ana se lo agradeció y se disp