Lucas, despreciando cualquier intercambio verbal con él, permitió que su mirada gélida cayera sobre la mano que este hombre había osado posar sobre Ana, sus ojos reflejando una brutalidad cruel.
—¿Tu mano la ha tocado?
El hombre, asustado, comenzó a sudar frío, empapando su ropa en el proceso. No esperaba que este espectáculo de mujer ebria y desesperada tuviera alguna relación con Lucas. Sentía que estaba en grandes problemas.
Su voluntad de sobrevivir, junto con un miedo intenso, hizo que el