Capítulo 499
La voz de Lucas, suave como la seda, acunaba a Ana, con el tono más tierno que podía evocar. Ella parecía en ese momento una niña caprichosa, irracional, que le hacía a Lucas sentir un extraño cóctel de cariño y frustración.

Ana parpadeaba, tratando de recordar quién era este Lucas. Su mente embotada por el alcohol tardó más de lo usual para conectar el nombre con el rostro que había en su memoria. Cuando por fin comprendió, su cuerpo actuó antes que su razón. Levantó la cabeza y le dio a Lucas
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