La Isabel que Ana recordaba en su memoria, aunque le resultaba repugnante, siempre fue una distinguida dama. Sin embargo, su aspecto en ese momento era extraño, con una distorsión y locura en sus ojos que ponía los pelos de punta a cualquiera que la mirara.
Ambas mujeres quedaron en un tenso enfrentamiento, con Javier siendo tironeado de ambos lados, sintiéndose incómodo. Su rostro pequeño estaba tan dolorido que se volvió rojo.
Al ver esto, Ana no pudo evitar que su corazón doliera, así que fin