Javier estaba cavilando en su interior sobre cómo hacerle entender a ese despreciable hombre que jamás se iría con él y que, siendo tan despreciable, ni siquiera podía esperar el perdón de su mamá.
En ese momento, Ana se movió en la cama y se percató de que el niño que dormía a su lado había desaparecido. De inmediato, se sobresaltó:
—¿Javier?
Javier reaccionó rápidamente. Apagó el ordenador con premura y volvió a la cama:
—Fui al baño, mami.
Al saber que Javier estaba bien y a su lado, Ana s