La voz de Lucas era cautelosa, incluso podría decirse que humilde.
Sin embargo, a Ana parecía no importarle, se rio fríamente:
—No es necesario, Sr. Hernández, de verdad, no te moleste, debes saber que mi vida no ha tenido un momento de suerte desde que te encontré. No necesito tu ayuda, solo espero que te alejes de mí, cuanto más lejos, mejor, nunca vuelvas a aparecer en mi vida, eso sería un gran favor.
Ana dejó caer estas duras palabras y colgó el teléfono.
Respiró hondo varias veces el aire