Cuando el teléfono sonó, Ana estaba en la oficina revisando algunos documentos. Al ver un número desconocido, decidió contestar:
—Hola, ¿quién habla?
Ana preguntó, mientras su vista se mantenía fija en la pantalla.
—Soy yo, Luna. Ana, supe que volviste al país, quisiera encontrarme contigo.
Luna apenas podía controlar su ira al escuchar el tono indiferente de Ana.
¿Cómo se atreve esta mujer a volver, después de haberse ido con Lucío al extranjero? ¿No sería mejor para todos si se hubiera quedado