Ana sostenía el cuchillo, su mirada fría y desafiante se clavaba en él. Aunque su estatura era significativamente más baja que la de Lucas, la energía que irradiaba no era en absoluto inferior. Esa era la energía de alguien que apuesta todo lo que tiene.
—Lucas, te advierto, no vuelvas a hablar de eso, no tienes derecho, ¿entiendes? Incluso si muero, no permitiré que esta situación vuelva a suceder.
Las palabras de Ana salían de entre sus dientes, cada sílaba era un golpe duro, como si mordiera