Ana, arrastrando delicadamente su equipaje, llegó en coche hasta el majestuoso edificio de Adelina. Tan pronto como abrió la puerta del coche, Adelina se precipitó hacia ella, envolviéndola en un cálido y afectuoso abrazo. Aunque no habían perdido el contacto durante todos estos años, la oportunidad de verse cara a cara, de conversar no solo a través del teléfono, era un encuentro sumamente apreciado por ambas amigas.
Después de disfrutar de una agradable charla al aire libre, Ana compartió emoc