Lucas reposaba en la cama del hospital, sumido en un sueño profundo engendrado por el influjo de los sedantes.
No obstante, su sosiego era efímero, pues su mente se veía poblada de ensoñaciones ambiguas.
Parecía haber retornado al quirófano, pero en esta ocasión no aguardaba en el exterior, sino dentro del recinto, observando con una mirada glacial.
Presenció a Ana llorar y clamar desgarradoramente, rogando que no procedieran, que no dañaran a su hijo; su voz rebosaba desesperanza y agonía.
Luca