Lucas miró a los ojos de Ana, no pudo evitar soltar una risa. ¿Esta mujer realmente cree que en un momento como este, él se detendría por una amenaza suya?
—No te preocupes, si no quiero que mueras, no podrías ni aunque lo intentaras.
—dijo Lucas con una voz apagada, lo suficientemente helada para hacer temblar a Ana.
—Si decides dejar de comer, puedo mantener tu vida con fluidos nutricionales de por vida. Si no te asusta, adelante, inténtalo.
Lucas entrecerró los ojos, una crueldad se reflejó