Ana también sintió que algo andaba mal. Aunque la seguridad cerca de su casa siempre había sido buena, Javier no era un niño que se descuidara jugando, y además, su teléfono estaba apagado, claramente algo había ocurrido. Ana no tuvo otra opción que llamar a la policía inmediatamente. Al enterarse de que un niño de cinco años había desaparecido, los oficiales llegaron de inmediato para revisar las cámaras de vigilancia con Ana.
Sin embargo, en las calles cercanas solo había dos cámaras de seguri