Ana estaba en casa, preparando una mesa llena de platos con Teresa, para sorprender a los dos pequeñines que regresaban de la escuela.
Cuando llegó la hora de salida del jardín de infantes, los niños volvieron a casa y enseguida percibieron el delicioso aroma de la comida. Al ver tanta comida preparada, sus ojos se fijaron rápidamente en los zapatos de Ana.
Los dos pequeños corrieron de inmediato a la habitación de Ana.
—¡Mamita, has vuelto!
Ana había planeado sorprenderlos más tarde con los