Ana estaba sentada allí, todavía algo inquieta. Por un lado, no había dormido bien por las pesadillas que tuvo la noche anterior, y por otro, reflexionaba sobre el significado de ese sueño.
Perdida en sus pensamientos, en ese momento, una pequeña niña de unos cinco o seis años, vestida con un vestido de princesa rosa, se acercó.
—Tía, ¿puedo sentarme aquí?
Al oír esto, Ana miró hacia la niña y vio a una pequeña encantadora y dulce, asintiendo inmediatamente.
—Claro.
Como el asiento de al lado es