Ana se apresuró a correr hacia él, extendió la mano y exploró la respiración de Lucío, sintiendo que su aliento era normal y su corazón colgante finalmente se calmó.
No obstante, dejar a Lucío así no era una opción, Ana solo pudo sacar el teléfono de su mano, llamar al hospital y pedir una ambulancia para que lo recogiera.
El lugar no estaba muy lejos del hospital, y rápidamente llegó una ambulancia que se detuvo en la entrada del edificio. Varios médicos y enfermeros subieron y colocaro