Ana López fue empujada al suelo por Lucas Hernández, apretó los dientes, se levantó y trató de agarrar la mano del hombre nuevamente. Ella no había hecho nada malo, y podía explicar todo. Lucío Hernández la miró con terquedad y su corazón dolía como si alguien lo estuviera cortando lentamente con un cuchillo.
Extendió la mano, intentando abrazar a Ana López para hacerla detener esos intentos inútiles. Conocía muy bien el carácter de su tío, y sabía que no soportaba ni un grano de arena en sus o