Lucío Hernández la consoló de inmediato: —Ana López, no tengas miedo, mira esta habitación, es igual a la que vivías antes, mira, ahí está tu oso de peluche favorito, ese es el mueble de segunda mano que elegimos juntos, ¿aún lo recuerdas?
La voz de Lucío Hernández era muy suave, y Ana López escuchó sus palabras, observando todo a su alrededor.
Una sensación de familiaridad, que hacía mucho tiempo no experimentaba, la invadió, haciendo que ya no se sintiera tan tensa.
Lucío Hernández soltó un su