Tal vez era la emoción excesiva, el cuerpo de Karla temblaba involuntariamente. La recepcionista que la había guiado hasta allí, preocupada, le preguntó:
—Señorita, ¿qué le sucede? ¿Se siente mal?
—Ah, no es nada, solo me mareé un poco al mirar hacia abajo desde tan alto, disculpe mi comportamiento.
Tras darse cuenta de su propia reacción exagerada, Karla se calmó rápidamente y ofreció una explicación sencilla sin levantar sospechas.
La recepcionista, al verla así, tomó su mano.
—No se preocupe,