La expresión de Karla cambió; la mano del hombre era fría como hielo, y al tocar su piel, era como si una serpiente venenosa se deslizara sobre ella. Aquella sensación pegajosa y helada era sumamente incómoda.
Karla quiso sacudirse su mano, pero al final se contuvo.
—Ya te demostré que fui confidente de Lucas, ¿no es eso suficiente? Sé que quieres ver más resultados, pero si me descubren, todo habrá sido en vano. Así que, si necesitas saber algo, llámame, de lo contrario, si me atrapan, no te