La enfermera no podía creer las palabras de Ana. Su sospechoso atuendo, apareciendo a altas horas de la noche, no parecía augurar nada bueno.
—¡Deja en paz a ese niño, ya he llamado a la policía!
—¡No es así, ella es mi mamá! —José, al ver la confusión, se apresuró a explicar.
Sin importar si se iba o se quedaba, si Ana era vista como una traficante de niños, las cosas se pondrían feas.
La enfermera, que dijo haber llamado a la policía, solo intentaba asustar a Ana para que desistiera de su supu