Ana se sobresaltó, incapaz de pronunciar una palabra, completamente inesperada por la coincidencia de que Lucas abriera la puerta justo en ese momento.
Pero viéndolo tan lleno de vida, capaz de caminar por sí mismo, y con tanta fuerza, casi aplastando los huesos de su muñeca, era evidente que estaba en muy buen estado de salud, nada parecido a lo que aquel hombre había dicho, de estar gravemente enfermo y debilitado.
¿Había sido engañada?
Ana se sintió un poco enojada. Las palabras ambiguas de a