—Pero puedes venir conmigo, sólo que no podemos hablar de lo que haremos, ¿entiendes? —Ana le instruyó seriamente a José.
El pequeño asintió con la cabeza, como dando su consentimiento.
Entonces Ana se fue con él. Originalmente, ella se había movido de forma sigilosa y solitaria, pero ahora la situación cambió a escurrirse con un niño de la misma manera, saliendo a hurtadillas como si estuvieran cometiendo un delito y temiendo ser descubiertos.
Ana colocó a José en el asiento infantil trasero de