Teresa confiaba plenamente en Lucío y, sin dudarlo, lo acompañó a buscar un médico, explicándole la situación. Al oír que se trataba de Lucío, el médico se emocionó mucho; había leído varios artículos escritos por él y sabía de su gran capacidad. Por ello, le entregó toda la información relevante sobre Ana.
Lucío tomó los documentos y los examinó detenidamente, observando los datos y los diversos síntomas. Cuanto más miraba, más le resultaban familiares. Las conclusiones a las que había llegado