Ana asintió con la cabeza, indicando que había entendido y se preparaba para levantarse de la cama, pero un dolor agudo la invadió, y casi se cae. El tatuador rápidamente la sostuvo.
—Voy a llamar a tu amiga.
Ana asintió de nuevo, y el tatuador llamó a Adelina.
Adelina observó a Ana con el rostro húmedo, sin saber si era sudor o lágrimas, pero su expresión parecía mucho más relajada.
En el corazón de Adelina también surgió una emoción incontenible. Aunque no sabía exactamente qué estaba pasando,