José sacudió la cabeza, mirando esos ojos preocupados de Javier, sintiendo como si cuchillos le desgarraran lentamente. A pesar de que Javier también estaba angustiado, se apresuró a consolarlo. Pero, ¿merecía José tal preocupación?
No, no la merecía.
Todo era su culpa. Si no hubiera sido tan estúpido e impulsivo, si no se hubiera dejado manipular para hacer esas cosas, su mamá no estaría sufriendo de enfermedad y Javier no estaría tan asustado.
—Necesito estar solo un momento, para calmarme —di