Ana no esperaba que el malhechor fuera tan ágil; un escalofrío recorrió su espalda. Sin pensarlo dos veces, comenzó a gritar.
—Alguien ha entrado...
Antes de que Ana pudiera terminar su frase, Lucas rápidamente le tapó la boca. Si otros se despertaban y descubrían que era él quien andaba rondando a altas horas de la noche, ¿dónde quedaría su reputación?
Ana abrió los ojos de par en par, y justo cuando su miedo alcanzaba su punto álgido, escuchó la voz del hombre sobre su cabeza.
—No grites, soy