21.
Me adentro en la oficina de mi hermano y me siento frente a él. Está hablando por teléfono y me hace una seña para que espere, luego corta.
—Necesito tu ayuda —hablo. Él alza las cejas, seguro sorprendido ante mis palabras—. Bueno, no soy yo quien la necesita exactamente. El punto es que necesito al abogado de la familia.
—Sebas, ¿pasó algo? —inquiere, enderezándose en su puesto. Me mira con preocupación y yo niego con la cabeza—. ¿Por qué necesitas a Juárez?
—Tengo una amiga que lo necesita, e