24. No se puede fluir si no estamos juntos
~•⊰ Mike ⊱•~
Ambos mirábamos por el gran ventanal que llenaba de luz nuestra habitación. Aún con nuestras respiraciones agitadas, la abracé a mi cuerpo y le dejé un beso en la coronilla.
—¿Sabes dónde es el próximo destino? —preguntó con curiosidad. Se levantó un poco, apoyando su peso sobre el codo, sosteniendo su cabeza con la mano, mientras con la otra, me recorre el vientre distraídamente.
—Si no me equivoco, es a Budapest —respondí, tomando el celular, donde tenía el mapa del recorrido—. E