Una ola de náusea y pánico me golpeó. Giré para correr, pero Victor fue más rápido y me bloqueó el paso. Entonces se inclinó, con una intención que no dejaba lugar a dudas.
Un grito escapó de mi garganta cuando lo empujé con todas mis fuerzas. Él tropezó lo suficiente como para que yo lograra soltarme. Salí disparada por el pasillo, cerré la puerta de mi cuarto de un portazo y giré la llave con las manos temblorosas.
No podía dejar que esto pasara de nuevo. No podía darle ni el más mínimo moti