Capítulo 4
Fue entonces cuando el teléfono sonó de repente, como una alarma estridente, dejando mis nervios a flor de piel. Era el tono que había configurado para Ryan.

Asustado, Victor me soltó. Corrí al cuarto y tomé el teléfono. Aunque respiraba profundo intentando calmarme, la tensión seguía flotando a mi alrededor como un humo invisible.

Presioné el botón de contestar, intentando sonar natural.

—Hola, amor, ¿qué pasó?

Del otro lado, la voz de Ryan se escuchaba cálida y familiar.

—Amor, las cosas
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