Una chispa de malicia y ansias ardía intensamente en los ojos grises de Giorgio, ese CEO implacable y seguro, cuando su mirada se encontró con la de Fiorina, llena de deseo contenido.
El beso que siguió no fue simplemente un roce de labios, sino un choque eléctrico, un estallido de fuego que los atrapó y arrastró a un torbellino de pasión incontrolable.
Sus bocas se buscaron con urgencia, con hambre profunda, como si quisieran devorarse y al mismo tiempo rendirse al placer.
Giorgio sujetó e