CAPÍTULO 6

Cuando Liesel bajó a desayunar la mañana siguiente, su madre le dio la noticia de que su auto estaba estacionado en el garaje. Tanto a Liesel como a su madre les gustaba tomar el desayuno en la terraza del jardín, que más bien parecía una arboleda. 

Frutas encantadas ahora cubrían el suelo y habían brotado ramas de las estanterías, frondosos zarcillos mezclándose con borlas y tapices por igual. Además, un p&aacu

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