Anabella abrió los ojos, en una de sus manos tenía solución salina y en la otra tenía una bolsa de trasfusión, se encontraba mareada y trato de enfocar en donde se encontraba, al parecer estaba en una habitación de hospital.
La mujer despertó e intento levantarse, se sentía aturdida, y muy desorientada, una voz masculina la comenzó a tranquilizar — relájate mi amor — le decía el hombre — todo está bien, tienes que descansar — hablo Jean Carlo.
Anabella Andollini abrió miro a su esposo y solo