¡es hora de irnos,Anabella! — dijo la madre de la chica — más al rato regresaremos, Gerald — se acercó la mujer y le dio un beso en la frente a su esposo — me alegra en verdad verte aquí — dijo con sinceridad y cariño la mujer a su esposo — ¡vamos niña! — apuro a su única hija — igual tenemos que enviar invitaciones, aunque eso dijo, Jean Carlo que se encargaría, tenemos casi los mismos amigos, así que no será problema — hablo con sencillez.
Anabella suspiro, en verdad tenía que ir y sabía que