7| Mi luna.
Analía se puso de pie.
Ver el rostro pálido del anciano a su lado, le hizo entender que aquella persona no quería nada bueno.
Así que se dio la vuelta, tomó con fuerza uno de los martillos que utilizaba el herrero en el lugar y lo sostuvo.
— Eso no te salvará, querida — le comentó el hombre, comenzando a caminar hacia ella.
Analía pensó que tal vez era un vampiro.
No sabía si existían los vampiros, pero si existían los lobos, tal vez podrían existir.
Tenía la piel tan blanca y los ojos ta