CAPÍTULO 75. DROGADOS
En el salón de estar, donde Adriana, estaba reunida con la encargada de organizar la fiesta de su hijo, escuchó el grito de Mateo y sintió que su cuerpo se estremeció. Fue un grito como desgarrador. No obstante, no se atrevió a entrar, esperará a que él, le cuente lo que pasó.
Entretanto, en el Despacho, Mateo tomando otra vez el control de la situación, interrogó al detective...
—¿Estás seguro, Nava? —Inquirió con asombro e incertidumbre— ¡Recuerda que hay muchos nombres idénticos! —afirmó él,