En la mansión de Kelvin Fuenmayor
Don Kelvin, al llegar a su mansión entró a su despacho y se sentó a contemplar las fotos de Marisol lamentando no haber buscado a esta, con mayor énfasis cuando murió su esposa.
«De haber hecho esto, estaría hoy por hoy, disfrutando de mi hija y de mis nietos felizmente», pensó él reflexivo.
En todo caso, ya había elaborado su testamento, nombrando a Adriana como su única y universal heredera. Esto, fue con el fin de que si ella y Mateo tenían más hijos, todos